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Firmas Smart (II): El Otro, ese desconocido

“Aceptamos al otro aunque sea diferente, y precisamente en esa diferencia, en esa alteridad, reside la riqueza, el valor y el bien. Al mismo tiempo, la diferencia no impide mi identificación con el otro: el Otro soy Yo”. Propuesta radical y empática de Emmanuel Levinas, uno de los maestros del diálogo en la literatura universal, en su obra El tiempo y el otro. El test de nuestra autoestima y confianza personal es nuestra actitud hacia el otro, por definición, distinto y misterioso. Expertos de lo ajeno, nos perdemos en lo propio. Lejos de ser sinónimo de peligro, hostilidad, desprecio, mi relación con el otro oculta pistas fiables de mi yo más auténtico. 

En nuestras conversaciones abusamos de la referencias generosas al otro, cuando muchas veces éste es visto como un extraño, alguien desconocido o ignorado. El extranjero probablemente sea el caso más claro. Hablamos de diversidad de culturas y costumbres, de diferentes razas y religiones, de una visión cosmopolita de los retos de la familia humana, y lo cierto es que el foráneo todavía despierta sentimientos de rechazo y animadversión. En el ámbito empresarial también se produce una apropiación temeraria del otro, vestido en forma de colaborador. Martín Buber, en su clásico Yo y Tú, advierte: “Y si desde los dirigentes miramos a los dirigidos, ¿la evolución misma en la forma moderna de trabajo no ha borrado casi todo rastro de vida recíproca, de relación plena de sentido?” Se menciona la importancia del capital humano, su empowerment y desarrollo, el trabajo en equipo, pese a que hombres y mujeres son percibidos como un coste de los que es muy difícil extraer su compromiso pleno. Rige la ley darwinista del más fuerte, cuando la empresa necesita nuevos ámbitos de cooperación y armonía. 

Seguramente el cliente sea el otro más manoseado en la jerga empresarial. Orientación al cliente es un mantra habitual en las declaraciones de visión corporativa. Lógico, él financia las nóminas de los trabajadores y los dividendos de los accionistas. En la actualidad, en un entorno de oferta variada y competitiva, pudiendo elegir, habiendo desarrollado su espíritu crítico, hacerse con su confianza y lealtad es tarea primordial del management. Sin embargo, no obstante esta obviedad, ¿cuántas veces el cliente recibe un servicio por debajo de las expectativas generadas? 

El periodismo también exhibe su cuota de posesión indebida del otro. Editoriales, crónicas, reportajes, trabajos de investigación…, rinden homenaje al lector. Pareciera que es el único señor al que servir, cuando la realidad arroja un panorama de stakeholders–propietarios, anunciantes, poder político…– mucho más complejo y controvertido. Hasta el periodista se cree su discurso sobre su pacto sagrado con el lector, quedando ego y vanidad personales anulados milagrosamente. 

La educación también ofrece su aclamado otro. El alumno es el interlocutor natural del profesor. En mi condición de tal soy plenamente consciente de la facilidad y naturalidad con que los docentes pontificamos sobre las posibilidades y limitaciones de los estudiantes, cuando a lo peor estos permanecen ajenos a nuestro radar. Sermonear, dictar conferencias magistrales, cansar al auditorio es fácil, lo realmente difícil y maravilloso es despertar el potencial del alumno, y esto sólo se hace desde su interior, aprendiendo a conocerle y quererle.

Incluso la familia, recinto entrañable, puede arrojar un pobre balance afectivo donde el otro, hijo/a, pareja, padre/madre, hermano/a, pasa irreconocible e inexplorado. 

Por último, el otro más manido y manipulado, el ciudadano. El político tradicional abusa de él sin ningún recato. Él se autoproclama su mejor embajador, su más entusiasta defensor. El gap entre la enjundia de los desafíos que como sociedad tenemos, y la facilidad de algunos predicadores para vender recetas fáciles, agrede la inteligencia del hombre de la calle.

El otro, ese ciudadano anónimo, no necesita salvadores de patrias, líderes mesiánicos, mítines eufóricos, sino políticos que entiendan que hablar y escuchar son una sola cosa. Ahí reside la magia del famoso I have a dream. M.L.King conectó con la audiencia porque antes escuchó y sintió sus aspiraciones más sublimes. Sólo así somos capaces de sumar voluntades, de convocar a todos para una misión que nos ennoblece. En palabras de Tischner. “Ya en el origen de la conciencia del yo está la presencia del tú, o tal vez incluso del nosotros. Sólo en el diálogo, en la discusión y la contraposición, así como en la aspiración a crear una nueva comunidad, surge la conciencia de mi yo como ser autónomo, diferente al otro. Sé que existo porque sé que existe ese otro”. Pensamiento ingenuo para esta campaña electoral. Regalo adelantado de Navidad, soñar no cuesta dinero.

Santiago Álvarez de Mon
Profesor del IESE
Miércoles, 9 de diciembre del 2015
diciembre 23, 2015
Posted by Alberto Fernández

Firmas Smart (I): Tiempo de innovación sobrevenida

Comenzamos en Smartrategy una nueva sección donde recogeremos artículos que destilen una forma diferente de entender la empresa y el mundo, esa visión inteligente, esa mirada smartrategy.

Estamos en tiempos de transformación, zarandeados por los cambios y con una sensación de impotencia que amenaza con llevarse por delante el capital emocional que teníamos acumulado como sociedad, como empresas y como personas. La incertidumbre nos ofrece su cara menos amable y cada vez nos sentimos más desarmados ante ella. En un contexto de ruido, bronca y declaraciones altisonantes nos cuesta encontrar el camino para, de verdad, tomar algo la iniciativa.
            
 Son tiempos de innovación. Sí, de innovación. Una innovación sobrevenida, que nos viene encima, y que nos hace sentirnos más objeto que sujeto de la misma. Es lo que tiene la innovación, que quieras tú o no lo quieras, ésta se produce. Todos somos agentes de la innovación, activos o pasivos, pero agentes de la innovación.
             
Cuando se produce un cambio de la magnitud que estamos sufirnedo, el riesgo de vernos permanentemente superados por las circunstancias, es evidente. Todo el capital emocional que una organización tiene corre el riesgo de desaparecer tras el continuo golpeteo de cirscuntancias externas que se le imponen. Surge la desconfianza, la desesperanza y el desconsuelo y la organnización, perdida su alma y su fuerza emocional, tiende a caer en el desánimo y corre el riesgo de desaparecer.
             
Una innovación sobrevenida es algo que se nos impone, y por eso nos pilla siempre menos preparados. Qué diferente es la situación cuando se trata de una innovación anticipada, en la que somos más agentes activos que pasivos. Una innovación anticipada responde a una cultura de innovación entendida como un proceso. Una cultura que hace de la innovación algo estratégico y no puramente operativo. Es una cultura de la anticipación, que también tiene sus riesgos, pero que permite activar mucho más el capital emocional de toda la organización.
             
Es evidente que las circunstancias nos han pillado con el paso cambiado, pero no podemos permitirnos el lujo de la pura resignación, porque eso acabaría con nuestras posibilidades de futuro. Da la sensación de que estamos deambulando por el cuadritátero como el boxeador al borde del K.O.

           
¿Cuál es la actitud que debemos adoptar? Necesitamos buscar dentro de nosotros las fuerzas que todavía tenemos. Buscar dentro el punto de apoyo para aguantar el tirón y empezar a darle la vuelta a la situación. Necesitamos activar el capital emocional que nos queda para parar el golpe  pensar en empezar a tomar la iniciativa.
             
Y esto tiene que ver con los valores que necesitamos recuperar. Son unos valores que hablan de trabajo duro, del gusto por las cosas bien hechas, de la austeridad y la solidaridad. También hablan de trabajar en equipo, de tomar la iniciativa, aunque entrañe riesgos y perseverar.
             
Tenemos que ser flexibles para adaptarnos a los cambios que no hemos sido capaces de anticipar y, por eso, nos va a resultar especialmente duro el tránsito, y tenemos que empezar a construir la nueva cultura de la innovación anticipada. Pensar en el plazo inmediato, pero construir las bases del futuro. Es el reto de las situaciones de crisis como la actual. Para eso, trabajar los valores es clave. Y también activar la cooperación, una cooperación activa. Los valores y la cooperación son fundamentales para recuperar el capital emocional. Pero, ¿cómo lo hacemos? El liderazgo es la respuesta. Es la llave para activar la cooperación y recuperar los valores. Necesitamos un liderazgo práctico, que busque soluciones, que actúe. Necesitamos un liderazgo de los hacedores. Tenemos que huir de frases grandilocuentes y hacer. Menos palabras y más hechos. Afrontar los problemas y darles soluciones. Y necesitamos hacerlo rápido, porque en todo esto el tiempo vuelve a ser fundamental.

El liderazgo de los hacedores es un liderazgo que pone fuerzas en marcha. Necesitamos poner fuerzas en marcha más que vender soluciones mágicas que, desafortunadamente no existen. El peligro de la superficialidad en el que ha caído nuestra sociedad lleva a la exigencia de soluciones inmediatas, concretas y que, además, no cuestan esfuerzo. Pro ese camino no tenemos nada que hacer. El camino es otro. Como decía Antoine de Saint-Exupéry: “En la vida no hay soluciones, sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas y las soluciones vienen.”
             
Por último, el liderazgo de los hacedores tiene que activar el espíritu de lucha y combatir la desesperanza. Son tiempos duros, tiempos de innovación sobrevenida. Pero no nos podemos permitir el lujo de dejarnos llevar, porque como decía el poeta Miguel Hernández: “Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será vencedor, será un vencido lento.” No debemos olvidar que nuestra respuesta en el presente condicionará nuestro futuro. Un futuro en el que las fuerzas en marcha nos hagan protagonistas de tiempos de innovación, pero de innovación anticipada.

Publicado en El Economista
diciembre 11, 2012
Posted by Alberto Fernández

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