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¿Tu empresa que prefiere, aspirinas o vitaminas?

Mi experiencia profesional en gestión me ha llevado a la conclusión, para nada científica, que existen dos tipos de gestores, los bomberos y las hormigas. Los primeros, como todos sabemos, se dedican a apagar fuegos allí donde éstos surjan, y por ello, tienen nuestro reconocimiento y admiración. Las hormigas, por el contrario, son unos insectos que excepto que uno sea entomólogo, no llaman mucho la atención y suelen pasar bastante inadvertidas. Evidentemente, mola mucho más ser bombero.

Nassim Nicholas Taleb escribe en dos de sus libros, "El cisne negro" y "Antifrágil: Las cosas que se
benefician del desorden", que nunca reconoceremos el valor y la importancia de las hormigas, pero si a aquellos que se dedican a solucionar los problemas una vez que han surgido, a los cuales convertimos en héroes. Las hormigas son previsoras, son aquellas personas de nuestro equipo que dedican parte de su tiempo, a intentar prever las dificultades que pueden surgir en el futuro y por lo tanto, son los que permiten que las cosas sigan funcionando con normalidad y que cuando aparece un problema, este tenga una dimensión no catastrófica y pueda resolverse sin la necesidad de un bombero.

Esta forma de actuar en las empresas sobre la gestión de riesgos, no dista mucho de la vida cotidiana que nosotros mismos experimentamos. Los abuelos ya decían aquello de que más vale prevenir que currar e incluso, la gestión de la salud ha cambiado su objetivo primordial de la curación a la prevención. Más vale que tomes vitaminas hoy, que aspirinas mañana, vendría a ser el resumen. Sin embargo, en las empresas, esa gestión de los riesgos sigue en muchas, totalmente olvidada y un claro ejemplo, son la forma en que la mayoría de ellas gestiona sus proyectos.  

Prevenir es evitar posibles hechos futuros, que de producirse y haberse prevenido, serán menos dramáticos e incluso, quizás ni siquiera acaben afectando a la empresa. Y aunque lo que escriba a continuación pueda resultar una contradicción, prevenir es invertir, por lo tanto, no es gastar ahora, es posponer el consumo de unos recursos en el presente para que estén disponibles en el futuro. Sin embargo, la mayoría de los directivos de empresa, a la hora de prever, son como niños, incapaces de no comerse la nube. Prefieren el dinero en el bolsillo a que esté dedicado a un plan de prevención de riesgos.

Existe por lo general, incluso entre un amplio abanico de nosotros, una falta de cultura de la prevención. Somos más dados en principio, a tirar de aspirina antes que de tomar vitaminas, hacer deporte y cuidar nuestra dieta. En la empresa pasa igual, metidos de lleno en el ruido caótico del día a día, que alguien se siente a pensar sobre los riesgos posibles a los que puede enfrentarse nuestra organización se ve como una perdida de tiempo. Sin embargo, estrategia es precisamente en parte, conocer los riesgos de nuestras acciones. Se imaginan a un general decidiendo una posible estrategia de combate y no teniendo en cuenta por dónde puede fallar la misma. Por eso los buenos ajedrecistas, llevan en su mente la partida avanzada en cierto número de jugadas, analizando y calculando los posibles riesgos de los movimientos que está tomando y que va a tomar. Como empresario está muy bien que premies a los bomberos, pero no te olvides de las pobres hormigas, ya que ellas son las que de verdad, están ahorrando en el futuro, mucho dinero.
abril 25, 2014
Posted by Alberto Fernández

Acaba con la dictadura de los contables y pinta tu empresa de bonitos colores


Los contables son como la razón, necesarios para una vida sana, pero en dosis altas pueden convertir en un infierno nuestra existencia. Si nos atenemos a la imagen prototipo de los contables nos los imaginamos como personas de un carácter poco amable, misteriosos, fanáticos de la organización y la burocracia y muy poco amigos del humor y la fiesta. Las viñetas humorísticas de Dilbert los definen como trols, carentes de sexo y como seres basados en el arsénico y no en el carbono como nosotros.


Bromas a parte, los contables son una parte importante de una empresa y ésta debe contar con unos muy buenos profesionales en ese área. Sin embargo, lo negativo es que el resto de directivos piense como un contable, porque la lógica de pensamiento de éstos es clara y binaria, todo lo que no es un ingreso, es un gasto. Y bajo esa forma de entender el funcionamiento de la empresa, la contabilidad de costes se expande por la empresa como un pulpo que lo acaba controlando todo y sometiendo bajo su filosofía ingreso-coste, toda decisión. Así, muchos directivos son incapaces de comprender que, por ejemplo, la formación de los empleados no es un coste sino una inversión de la que se van obtener unos rendimientos. Insisto, son la voz de la razón, debemos hacerles caso hasta cierto punto, pero si únicamente les escuchamos a ellos, a la empresa le faltará alma.

Y una de las herramientas más útiles para "acabar" con esa dictadura contable es la metodología LEAN. Y la frase que mejor resume su filosofía es la de Henry Royce:  “Todo el tiempo que se está trabajando con el producto se añade a su COSTE, pero no necesariamente a su VALOR." Y una de las formas de generar valor, es invertir. De esta forma, bajo el pensamiento LEAN únicamente pueden considerarse coste:

Los defectos y taras.
La sobreprodución.
La acumulación de existencias.
Sobreprocesamiento o procesamiento innecesario. Procesos inadecuados que no aportan nada a la elaboración del producto o servicio.
Movimientos de personal no necesarios.
Transporte de producto innecesario.
Esperas de materiales o puestos de trabajo por cualquier motivo.

Fuera de esos siete factores, cualquier actividad que vaya inducida a crear valor debe ser vista siempre como una inversión de la cual se espera una rentabilidad. Por mucho que el contable entre en cólera y nos recuerde que eso es un coste, debemos ser fuertes y decirles que no, que sabemos que las normas de contabilidad y las leyes nos obligan a tratarlas de esa forma en los informes y documentos financieros, pero fuera de ese ámbito, para la organización no lo son.
febrero 21, 2014
Posted by Alberto Fernández

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