Grafiti (V): Plácido Domingo

Plácido Domingo sufrió hace menos de un mes, una embolia pulmonar y hoy, ha vuelvo a lo grande, triunfando en un festival de la importancia del de Salzburgo. Y ya no sólo el lugar, sino también el enfrentarse a un papel cuyo registro era toda una novedad para él, el Giacomo en 'Giovanna D'Arco' de Verdi.

La demostración de la increíble energía y fuerza que la pasión y el amor por lo que uno hace es capaz de lograr. Como él mismo dice: "If I a rest, I rust" (Si me detengo, me oxido). A sí que ya saben, no se detengan.


agosto 07, 2013
Posted by Alberto Fernández
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Smartrategy Tricks (III): Felicidad...






marzo 20, 2013
Posted by Alberto Fernández

Filosofía del límite. Un homenaje a dos bandas.


Llevo desde hace mucho tiempo creyendo que todos y cada uno de nosotros, en mayor o menor medida, tenemos dentro un filósofo y por ende, una filosofía propia. Mantengo esa idea porque doto a la filosofía, no de una definición restringida y cerrada que es la que ofrece el mundo académico, sino que muy al contrario, conservo la que desde los tiempos de su concepción tuvo, es decir, como la capacidad de llegar a conocer y actuar del yo, con su propio ser y con el mundo. Aquello que nos permite un logos y una praxis, una forma de pensar y una forma de actuar. En esa creencia no es de extrañar por tanto, que reúna hoy aquí a dos filósofos, uno con la etiqueta oficial como es Eugenio Trías, y otro que lo es a pesar de no tener diploma que lo acredite como tal, David Roncero.

Mientras me encontraba intentando escribir un humilde homenaje póstumo a Trías, descubrí que muchas de las actitudes y formas de filosofar de Eugenio compartían una esencia con la filosofía vital de David Roncero.  De esa coincidencia de pensar, conocer y ser nace este artículo.


Lo que une en este dueto extraño a Trías y Roncero es que ambos son unos filósofos del diálogo, de esa conversación que se produce entre dos, si bien con la mágica característica de que se trata de un diálogo que nace, crece, se desarrolla y muere como una especie de monólogo. Se encuentran ambos en el límite, concepto vital para los dos que explicaremos más tarde, del diálogo y el monólogo, donde se trasciende o superan las barreras de una y otra forma de expresión. Eugenio dialoga con la cultura, mientras que David dialoga con su yo, pero pronto nos daremos cuenta de que ese dialogo es imposible, porque tanto el yo como la cultura no son seres que permitan una respuesta externa. Por tanto, podríamos pensar que se trata de un monólogo interior, sin embargo, van mucho más allá del monólogo, porque en él, no hay posibilidad de confrontación, porque el monólogo es unidireccional, pero ellos obtienen réplica, crean comunicación. Para que ello ocurra, para que nazca ese diálogo, como ya hemos dicho, es necesario la confrontación, y ambos no tienen reparos a ella, la buscan y creen firmemente como Hegel que las contradicciones o nos matan, o son el signo máximo de vitalidad.


Esa conversación, ese diálogo que produce la confrontación, es decir, en ese ponerse frente contra frente, buscan ante todo una propuesta, un camino donde encontrar los límites. Decimos camino porque es una actitud que necesita de ponerse en marcha, ya que ambos se han dado cuenta de que, al igual que Wittgenstein, que "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo", y buscan algo que rompa esa limitación. Trías defiende que el arte es algo difícil de expresar con palabras, porque transciende al propio lenguaje, por eso se transforma en una experiencia. Roncero articula la misma analogía para la vida, cuya existencia de acontecimientos, de notas, van mucho más allá de lo limitante del lenguaje y que por tanto, deben experimentarse, es decir, vivirse también a través de la experiencia.

La experiencia por tanto es un límite en la concepción de Trías, que a pesar de ser difícilmente comunicable a través del lenguaje, permite ir más allá, permite el misterio de transmitir no con las palabras, sino con otros códigos de comunicación, que son para Trías la pasión y para Roncero las emociones. Pasión y emoción, se convierten por tanto, en fuentes de conocimiento, como lo es la Razón, con su propio código lingüístico,  el cual se expresa mediante la experiencia.


Necesitamos para seguir adelante, entender el concepto de límite como lo entiende Trías y ver como lo asimila Roncero en su filosofía de vida de forma natural. Frente a la figuración de límite como muro, barrera, frontera que impide ir más allá de lo establecido, Trías lo concibe como aquello que nos permite la confrontación y por tanto, nos permite el camino y la posibilidad de ir allí donde antes no hemos ido. El límite, por tanto, se transforma no sólo en pared, sino en puerta, no sólo en meta, sino en salida. El ser humano es un "ser como límite", que constantemente experimenta el límite, pero que mientras la Razón nos deja en el muro, la experiencia nos lo convierte en puerta a buscar otro límite más. La vida se convierte, a la sazón, en un camino de límites constantes que intentaremos ir superando, hasta toparnos con el último límite que no podremos comprender hasta que, como lógicamente cabe dentro de el razonamiento de su filosofía, no lo experimentemos, es decir, muramos, dejemos de experimentar la vida para experimentar la muerte, convirtamos la pared de la existencia en la puerta de la muerte. El límite, por tanto, para Eugenio y David no es limitante, sino creador de posibilidades.

Se deduce por tanto, que el ser es un límite que une lo conocido y lo desconocido, que une la meta y la salida, la vida y la muerte, la experiencia y la palabra. Con esa concepción de límite, construye Trías una triangulación filosófica para la vida con sus tres vértices: el ser límite, la razón fronteriza y el logos simbólico. Que vienen a ser el hombre, la pasión y la experiencia para Trías y que son para Roncero el yo, las emociones y la experiencia.

Con esta triada de conceptos, Eugenio construye una ciudad, un mundo, una forma de vida, que conecta con la filosofía de vida de David, que también construye su ciudad, su mundo, donde ambos diferencian cuatro barios o estados:


  • la RELIGIÓN que son las creencias.
  • el ARTE que es lo que hago
  • la ONTOLOGÍA que es lo que conozco
  • la ÉTICA que es como lo hago

Esta ciudad que vive en el límite, sólo puede vivir en el aquí, que también expresó T.S. Eliot en su poema:

Aquí es real la junta imposible
de las esferas de la existencia.
Aquí pasado y futuro se conquistan y reconcilian.
Ese aquí es el presente, el único lugar posible donde son factibles las experencias, por ende, donde existen los límites, la vida. Así, el presente se convierten en un límite más, es el muro del pasado y la puerta del futuro. Concepción que comparten tanto Trías como Roncero.

Nos encontramos por tanto, para terminar, ante dos filósofos de la experiencia, del límite, de la capacidad del ser para ír más allá, de transcender y cuya única forma de hacerlo, es en la acción, en el movimiento que nace, recordemos el principio, en ese diálogo que incita, que motiva, que llama a emprender. Ambos comparten esa necesidad de la experiencia, la única capaz de llevarnos al límite, a conocernos a nosotros, es decir, al ser, a descubrir que ese ser es un límite también, por tanto, que nos abre puertas a ser más allá de lo que somos ahora y que para ello, es vital no el uso único del lenguaje. Para ello, nos comunican lo importante que es no usar sólo el lenguaje limitante, sino  también lo vital de la pasión para Trías, de las emociones para Roncero. Pasión y emociones que rasgan la Razón y nos permiten comunicarnos y comunicar mucho más allá de las palabras, pasión y emoción que son para ambos, por tanto, el lenguaje del conocimiento, el lenguaje de la vida.
febrero 28, 2013
Posted by Alberto Fernández

Grafiti (IV): Felipe Polo Ruiz


febrero 07, 2013
Posted by Alberto Fernández
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¿En qué escalón estás hoy?

¿Conoces la escalera que te lleva al piso de los retos logrados?



febrero 05, 2013
Posted by Alberto Fernández

Como nos complicamos la vida por pensar lo que pensamos

Porque llueve, porque hace sol, porque te han dicho algo, porque no te lo han dicho, porque se ha roto, porque al final se ha arreglado, porque te quieren, porque no te quieren, porque A y porque B, y porque todo lo que te sucede, sea bueno o malo, parece marcar en ti un tatuaje imposible de borrar. Todos en algún momento de nuestra vida hemos caído en este juego perverso de las circunstancias, donde nuestro estado emocional es el resultado de hechos que nos acontecen y no somos capaces de controlar.

Albert Ellis identificó este peligroso juego y lo denominó "creencias irracionales basadas en nuestra racionalidad", es decir, pensamientos que elaboramos de formar racional en nuestra mente, pero que llevan una dosis alta de irracionalidad que no somos capaces de ver. Su teoría es bastante sencilla, heredera de la mejor filosofía estoica, como veremos a lo largo de los especiales sobre filosofía que aparecerán en el blog. Así, si Epicteto decía: " Los hombres no se perturban por las cosas sino por la opinión que tienen de éstas"; Allis lo reformuló en que los acontacimientos (A), no determinan nuestros estado emocionales (C), sino que esos dependen de nuestra forma de encararlos e interpretarlos (B); por lo tanto, si somos capaces de cambiar nuestros esquemas mentales, podremos llegar alcanzar estados emocionales más estables. 

 Ellis llegó a identificar 11 creencias irracionales: 

 1. "Es una necesidad extrema para el ser humano adulto el ser amado y aprobado por prácticamente cada persona significativa de la sociedad" 

 2. "Para considerarse uno mismo valioso se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles". 

3. "Cierta clase de gente es vil, malvada e infame y que deben ser seriamente culpabilizados y castigados por su maldad". 

4. "Es tremendo y catastrófico el hecho de que las cosas no vayan por el camino que a uno le gustaría que fuesen". 

5. "La desgracia humana se origina por causas externas y la gente tiene poca capacidad o ninguna, de controlar sus penas y perturbaciones" 

6. "Si algo es o puede ser peligroso o temible, se deberá sentir terriblemente inquieto por ello y deberá pensar constantemente en la posibilidad de que esto ocurra" 

7. "Es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la vida" 

8. "Se debe depender de los demás y se necesita a alguien más fuerte en quien confiar" 

9. "La historia pasada de uno es un determinante decisivo de la conducta actual, y que algo que le ocurrió alguna vez y le conmocionó debe seguir afectándole indefinidamente" 

10. "Uno deberá sentirse muy preocupado por los problemas y las perturbaciones de los demás" 

11. "Invariablemente existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos, y que si esta solución perfecta no se encuentra sobreviene la catástrofe"

Seguro que te reconoces en muchas de estas creencias irracionales.
enero 31, 2013
Posted by Alberto Fernández

La filosofía que no te han enseñado en el colegio

Todos recordamos las clases de filosofía de nuestra época del instituto, por lo general, impartidas por un profesor siempre peculiar, con esa imagen tan característica que los identificaba a leguas. Esos recuerdos, como decía, podrán ser buenos o malos dependiendo del gusto por la asignatura y el interés del maestro en impartirla. Sin embargo, a pesar del empeño y el esfuerzo, de la pasión y la entrega que nuestro extraño profesor de filosofía mostrara, no nos lo contaron todo.

Estoy seguro que más de uno me dirá que estoy loco, pues de pocas asignaturas se juntaban tantas hojas para estudiar, con autores y más autores, ideas y palabras para memorizar y muchas, casi en la mayoría de los casos, difíciles de comprender. Lo normal era que el profesor de filosofía mostrase los signos de un deterioro psicológico, pues nadie en sus cabales puede terminar bien el intento de aprender filosofía. O así pensábamos la gran mayoría de los alumnos. Y ahora voy yo y defiendo que había mucho más, como si todo aquello fuese poco, pero así es, en el instituto no nos enseñaron toda la filosofía que debían habernos mostrado y lo que es peor, ocultaron aquella parte más valiosa e importante para nosotros, la que nos hubiese ayudado a moldear nuestro lado emocional y sentimental.

La filosofía antiguamente, no sólo era una forma de teorizar sobre las grandes preguntas que asaltaban nuestra existencia en el mundo, sino también una praxis, es decir, una forma de actuación, de acción ante la vida.  Como expresó en su día el filósofo estadounidense Henry David Thoreau:
Ser filósofo no consiste en el mero formular pensamiento sutiles, ni siquiera fundar una escuela [...]. Consiste en resolver algunos de los problemas de la vida, no en el ámbito teórico, sino en el práctico.
 Ese camino para facilitar el devenir diario se visualiza muy bien en las filosofías orientales, que todavía guardan la esencia de aportar, no sólo una forma teórica de entender el mundo, sino también todo un código de acción ante el hecho mágico que supone vivir. Sin embargo, esa característica no es exclusiva del pensamiento oriental, también el occidental tenía y tiene ese componente que nos permite construir nuestro yo y nuestra mente para la acción.

Lamentablemente esa es la parte que nuestros profesores y la mayoría de los programas de filosofía esconden a sus alumnos, precisamente el lado de la moneda que más utilidad y servicio podría hacer en un momento tan ajetreado de emociones y sentimientos como es la adolescencia. Y es que, cuanto antes aprendamos a vivir y convivir con nuestro lado emocional y sentimental, antes lograremos alcanzar los pilares necesarios para la felicidad.

Y precisamente la felicidad, lo bueno o lo justo eran lo que intentaban captar y entender los grandes autores que hemos estudiado. Sin embargo, de ellos solo conocemos su vertiente más gnoseológica, a saber, la forma en qué conocemos, cómo lo conocemos y qué podemos llegar a conocer, todo ello junto, claro está, con la metafísica y la persecución infatigable de la demostración de la existencia de un ser superior. Resulta evidente que se olvidaron de explicarnos el PARA QUÉ, no porque los grandes pensadores se olvidaran de ello, que no lo hicieron, sino porque alguien ha considerado que esa parte no merecía nuestra atención.

Si bien es cierto que no todos los filósofos dan una respuesta a ese "para qué", nos llevaremos una sorpresa cuando nos salimos del camino marcado  y nos adentramos en las respuestas que muchos de ellos han dado a esa cuestión.

Esa es la intención de la sección que hoy presento en SMARTRATEGY, que recorramos juntos esos senderos no marcados de la filosofía y descubramos esa filosofía emocional que no nos han contado. Nos adentraremos en la Grecia Clásica de la mano de Sócrates, Platón y Aristóteles. Iremos al encuentro de unos filósofos desconocidos como los epicúreos y los estoicos que nos sorprenderán por sus afirmaciones. Daremos un salto hacia la filosofía racionalista de la mano de Descartes para luego entrar de lleno en el pensamiento empirista de Locke y Hume. De la mano de Kant entraremos en la Ilustración y conoceremos posteriormente, la aportación de Fichte al Romanticismo. Oiremos, mejor dicho, leeremos a Hegel y sabremos cómo modifica el Utilitarismo Stuart Mill. Nos daremos cuenta de que Nietzsche es algo más que la muerte de dios. Prestaremos atención a lo que nos tiene que decir Heidegger sobre el hombre en el mundo y dedicaremos una entrada especial a la filosofía analítica de Frege, Russelll y Wittgenstein. Nos detendremos para saber que es eso de la filosofía de la conciencia de Bergson. Y alguna que otra sorpresa más.

Un camino apasionante que nos permitirá ver que la filosofía es algo más que lo que nos enseñaron en el colegio.
enero 17, 2013
Posted by Alberto Fernández

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