Entre Cronos y Kairos

Grecia es la cuna de la cultura occidental y a su impresionante legado debemos ideas tan importantes como la filosofía, la democracia, ciudadanía, el individuo y un largo etcétera que han moldeano nuestro ser. Muchas de esas ideas han sobrevivido y otras se han sumergido en el olvido de los siglos como el politeísmo, erradicado del imaginario con la implantación del monoteísmo cristiano en Roma.

Una de las grandes y originales ideas de la Grecia Clásica era personificación del tiempo en dos deidades diferentes: Crono y Kairos. El primero, Crono (χρόνος), era el Tiempo, el dios de las Edades, nacido de la nada se unió a Ananké (Ἀνάγκη) que era lo Inevitable, surgida también de la nada, y entre ambos dieron origen al universo ordenado tal como ahora lo conocemos con su mar, su tierra y su cielo. Por tanto, nuestro mundo es hijo del Tiempo y lo Inevitable, nuestra vida está marcada por el paso de ese Tiempo y lleno de los acontacimientos que no podemos controlar ni determinar.

Kairos de Lisipo
Frente a ese Tiempo que pasa nos guste o no y nos destruye, el que se mide, el que refleja el reloj, pues esa es su naturaleza, los griegos contraponían una segunda idea o conceptualización en la figura de Kairos. Este segundo dios que los helenos llamaban καιρός es la representación del "momento oportuno", de la "oportunidad" según los filósofos Pitagóricos, del "tiempo en potencia", pero también era considerado como la "risa oportunda, aquella que origina el bien".Se le suele considear un hijo menor de Zeus y Tyche (Τύχη Týkhē), el primero padre de todos los dioses y la segunda personificación del destino, la fortuna, la suerte y la prosperidad.  Kayros heredó de su padre las facultades de la justicia, la justa iluminación y el camino correcto, mientras que de su madre recibe ser el potenciador para alcanzar un destino glorioso. Cultos posteriores le relacionaron también con lo Eterno, la Inteligencia, el Amor y la Diversión.

Esta diferenciación entre un tiempo cuantitativo y otro cualitativo sirvió a los griegos para establecer ciertos rasgos de sabiduría que podemos traer a nuestros comportamientos actuales. Los helenos argumentaban que ambos se agotan, pero mientras que el primero es inevitable que ocurra, pues recordemos está unido a Ananké, el segundo solo se lleva a cabo si nosotros estamos dipuestos y preprados para darle provecho; es decir, Kairos forma parte del transcurso de Crono si nosotros permitimos que así sea, pero si decidimos no hacerlo, Crono seguirá avanzando mientras que Kairos no habrá existido.

Nosotros somos los que decidimos si entrelazamos al transcurrir de Crono y Ananké al dios Kairos. Si lo hacemos, si aprovechamos las oportunidades, si nos permitimos dar forma a esa potencialidad en nuestros actos para lo eterno, lo inteligente, la pasión y la diversión estaremos dando forma a nuestro tiempo de forma provechosa. Los griegos decían que a Crono no se le puede malgastar, pues se gasta sin que nosotros podamos decirdir sobre él, mientras que a Kairos o bien lo aprovechamos o lo desaprovechamos, que somos nosotros los que decidimos que si queremos que nuestro tiempo sea el momento de hacer surgir la "risa que permite y da origen al bien".
julio 04, 2012
Posted by Alberto Fernández

El viento

El barco surcaba la superficie azul del océano con sus velas desplegadas al viento, los tres marineros de la nave miraban la inmensidad que se descubría ante sus ojos mientras la luz del sol bañaba su morena piel. De pronto P se dirigió al resto de sus compañeros:

- Vereís como dentro de nada el viento amainará y perderemos velocidad.

- Verás como no P.- Le dijo O con una sonrisa amplia.- Este maravilloso vientecillo seguirá así hasta que llegemos a puerto.

Mientras tanto R permanecía callado y los observaba muy atento, pero sin dejar de vigilar que los cabos estuviesen bien atados, controlando que las velas estuviesen bien orientadas y el barco siguiese  el rumbo marcado según el mapa.

- Siempre surgen imprevistos O, si no es el viento será una tormenta, el mar es muy traicionero, siempre depara sospresas desagradables. No me fio un pelo. Hay algo que me está dando mala espina.

- Tú siempre con tus predicciones P. Hazme caso siéntate en cubierta, relájate y disfruta de la travesía.

R seguía a lo suyo comprobando los instrumentos de navegación, yendo de un lado para otro para comprobar que todo estaba en su sitio. Se detenía un segundo en popa miraba el cielo, cerraba los ojos, llenaba sus pulmones del refrescante aire y un intenso olor a sal le inundaba. Pero permanecía callado.

De pronto, el viento dejó de soplar, las velas del barco se desinflaron y el barco comenzó a perder velocidad hasta que quedó a mercer del dulce movimiento del agua, en un vaivén suave y casi imperceptible. P se levantó y soltó un largo bufido:

- ¡Ves O! Te lo dije, nunca puedas esperar nada bueno del mar y mucho menos de algo tan cambiante como el viento. ¡Maldita sea! ¿Qué haremos ahora? Seguro que cuando vuelva, aún por encima, soplará en la dirección contraria, ¡ya verás, te lo digo yo!

- No P, verás como no, tranquilízate y si el viento cambia de sentido, esperaremos a que vuelva a soplar en la dirección correcta. ¡Eres un manojo de nervios siempre! Así no llegarás a viejo.

La situación no sobresaltó mucho a R, no le gustaba era evidente, pero no se dejó llevar por el desánimo ni la complacencia. Recogió las velas, miró de nuevo sus instrumentos, anotó la posición en el cuaderno de bitácora y estudió el último informe metereológico que habían recibido. De improviso, el viento comenzó a soplar de nuevo:

- ¡Ja, te lo dije o no te lo dije O! Ahora sopla en la dirección contraria.

- Tranquilo P, ya volverá a cambiar.

R se dirigió al mástil, desplegó solo una vela, ajustó la botavara y tomó el timón para correjir el rumbo. Desde luego no era un buen viento pues no les permitia ir a todo trapo, pero era mejor que nada. Aún no había pronunciado palabra.

Al cabo de un tiempo, el viento volvió a soplar con fuerza en el sentido correcto y mientras P aseguraba que sería una situación breve y que volvería a cambiar para complicar más las cosas, O no paraba de repetirle que a igual que había dejado de soplar, cambiado el rumbo y regresado a la situación óptima, con calma y pacienca, la situación volvería a solucionarse si se volviese a estropear. R al mismo tiempo que ellos hablaban, desplegó todas las velas, fijó otra vez la botavara y tomó el timón.

Después de dos horas más de navegación donde el viento y las olas no dejarón de cambiar y modificar la situación, los tres marineros vieron puerto por fin. P y O siguieron intercambiando comentarios y R seguió callado.

Atracado el barco en el muelle y con los pies en tierra firme, al fin R habló:

- ¡Hemos llegado!


El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.
junio 25, 2012
Posted by Alberto Fernández

Algún día... sea por fin AHORA

Algún día decidirás levantarte del cómodo sillón en el que te encuentras postrado y verte en un espejo de verdad. Escogerás al fin ver la imagen que en él se refleja y desvestirte de las excusas, los auto engaños y las justificaciones, esas ropas que te abrigaban y falsamente te protegen de tus frios miedos.

Algún día, ya desnudo ante mi mismo, verás todas las capacidades que durante tanto tiempo te has estado ocultando, las mismas  van a permitir despertar los sueños que castigaste a un coma profundo. Los ojos antes ciegos de tu cara por fin verán la auténtica alma que mantenías atada con las cadenas de tu incertidumbre.

Algún día decidirás vivir conforme a tus aspiraciones y sueños. Algún día comenzarás a entender la importancia de una sonrisa, el valor de tus sentimientos y la grandeza de todas las emociones que te envuelven. Eligirás reír más, saltar más, correr más, jugar más, pasar más tiempo con o darle más besos a. Dejarás al fin únicamente de correr y comenzarás a disfrutar del paisaje y tus sensaciones y mientras así lo haces, comprenderás que quieres compartir mucho más con las personas que tú así decidas.

Algún día por fin lucharás por llevar a cabo eso que, durante mucho tiempo, tanto miedo te ha dado. No permitirás que nadie decida tu tiempo, comprenderás que las agujas del reloj solo van hacia adelante, todo un mundo de oportunidades que se abre ante tí y no desearás más regresar a Macondo, ese recuerdo en el recodo de tu mente. Desterrarás al olvido el imperio del pasado y el miedo al futuro, cantarás por fin el himno al ahora y comenzarás a conjugar en presente.


Algún día serás capaz de completar la definición de esas palabras que desde hace tiempo te resultanban incomprensibles y vacías. Escribirás los renglones de tu libro con los hechos que te inspirarán la pasión, el amor, la felicidad, la emoción, la valentía y el compromiso contigo mismo y para con todos los demás. Y serás consciente que ellas serán las armas que te permitan vencer tus miedos.


Si, algún día serás consciente de lo todo lo que te sobra y te resta movimiento, de que tú decides las piedras con las que llenas tu mochila y aquellas que arrojas a un lado del camino. Porque la imagen que verás en el espejo será la de un triunfador por el simple hecho de intentarlo, de un valiente por enfrentarse a sus miedos, de una sonrisa en tu cara porque la felicidad se ha convertido en una de tus metas.


Todo ello puedes llegar a hacerlo algún día, pero no esperes a que llege ese día, no decidas que sea mañana, toma la decisión de que ese algún día, no sea un alguno cualquiera, que ese momento, que ese algún día, sea AHORA.
junio 18, 2012
Posted by Alberto Fernández

Economía de las emociones

Thomas Carlyle, un ensayista británico, definió la ciencia económica en Occasional Discourse on the Negro Question como"no es una ciencia alegre, sino lúgubre, desoladora y, en realidad, absolutamente abyecta y decepcionante." Muchos han interpretado esta definición en el ámbito de trabajo tan poco divertido de los economistas de tener que lidiar con inflaciones, desempleo e intentar predecir la siguiente recesión y depresión económica; sin embargo, nuestro autor lanzaba sus dardos en otro sentido, pues era un acérrimo defensor del Antiguo Régimen y por tanto, se mostraba tremendamente preocupado por el mundo tan caótico y anárquico que el Nuevo Régimen y la economía liberal clásica traían consigo, definía ese sociedad naciente como "la anarquía más el policía".

Si bien es cierto que la ciencia económica no es un monólogo de humor del estilo "Club de la Comedia", tampoco es ese escenario tan tétrico que describe Carlyle, donde los economistas parecen orcos, trolls y nazgûl morando en Mordor a las órdenes del señor oscuro Sauron, aunque bien es cierto que muchas veces las facultades de economía y sus moradores dan esa impresión. Para limpiar esa imagen tan negativa de mis colegas economistas, veremos como también la ciencia económica puede ayudarnos en la gestión de nuestras emociones y sentimientos.

La mejor forma de hacerlo es acercándonos a uno de los conceptos más importantes y revolucionarios dentro de la Economía, la "utilidad marginal" o "principio de marginalidad". Repasemos un poco de historia para entender mejor lo que supuso la llegada de esa idea al mundo de la teoría económica.

Después de que Adam Smith en su An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations más conocida por La riqueza de las naciones, mostrara las bondades de una economía de mercado, no intervenida por poderes públicos y defensora de la propiedad privada; toda una serie de pensadores posteriores a él desde David Ricardo hasta Karl Marx, desarrollaron todo un corpus de teoría económica bien apoyando y ampliando las tesis de Smith o por el contarrio, atacando de raíz todos sus postulados. Sin embargo, hubo una parte de ese engranaje teórico que todos en mayor o menor medida, aceptaron y usaron para argumentar sus posturas, la teoría del valor-trabajo objetiva. Dicha teoría defiende, en pocas líneas, que el valor de los bienes que consumimos tiene su origen o naturaleza en el valor del trabajo que implica su producción. De entrada, parece lógico que una mercancía valga aquello que cueste producirla, pero la realidad, siempre tan caprichosa, demostraba una y otra vez lo contrario. Y los economistas no sabían por qué.

Hasta que tres economistas entre los años 1871 y 1874 publican tres obras que resuelven cada una el problema con un enfoque original que revolucionó toda la teoría económica. Lo curioso es que llegan al mismo principio desde razonamientos y contextos diferentes, sin conocerse y sin haber leído la obra de los demás. Como dice Mark Skousen en La formación de la teoría económica moderna. La vida e ideas de los grandes pensadores modernos, con un estilo de presentador de boxeo, "De Gran Bretaña era William Stanley Jevons (1835-1910), de Austria Carl Menger (1840-1921) y de Francia Léon Walras (1834-1910)".

¿Cuál era esa idea tan revolucionaria e importante? El principio de marginalidad que parte de un rechazo "a las teorías objetivas de valor de los bienes basadas en su coste de producción y situó en su lugar el principio de utilidad y la demanda de los consumidores como la piedra angular del nuevo enfoque para la construcción de la teoría económica. Estos economistas subrayaban que las personas en el mundo real eligen en base a sus preferencias y valoraciones. Al igual que J.B. Say, reconocían que ni la cuantía del trabajo ni de los medios empleados confiere valor al producto. El valor de un bien es una cuestión que depende de las valoraciones que hacen las personas que lo utilizan." (Skousen, M., 2010, 253).

Lo que nos viene a decir el principio de marginalidad en el consumo de un bien es que realizamos la valoración de este en función de la satisfación que nos reporta el último bien consumido, pero a medida que vamos consumiendo más cantidades de un bien determinado, el valor que vamos dando a esa última unidad es menor, por tanto, se trata de una utilidad marginal decreciente. Un ejemplo para verlo más claro: si después de estar perdidos por el desierto y muertos de sed, hallamos un oasis donde tenemos agua y un diamante, el primer vaso de agua lo valoramos mucho más que la joya, pero a medida que vamos bebiendo el agua va perdiendo valor (utilidad) y el diamante va ganando valor. Al final, cuando no tengamos más sed y hayamos rellenado nuestra cantimplora, el diamante que al principio nos parecía algo poco valioso, ahora se muestra mucho más precioso que todo el agua que dejamos en el oasis y que minutos antes valorábamos por encima de todas las joyas del mundo.

Este principio de utilidad marginal decreciente puede aplicarse perfectamente en la gestión de las emociones. Imaginemos que nuestra pareja nos regala todos los días una rosa, la primera rosa nos sorprenderá muy gratamente y su valor para nosotros será realmente alto. Pero a medida que vamos llenando nuestro jarrón de rosas, éstas van perdiendo valor poco a poco hasta que llegado un momento, una rosa más carecerá de interés e importancia para nosotros. El conflicto atraca en el puerto cuando el que regala comprueba que la persona a la que ofrece sus regalos aprecia el detalle con menor valor que él. Se produce un desequilibrio entre las espectativas de uno y otro y salta la crisis.

Esta situación puede aplicarse sin ningún problema a multitud de escenarios desde los personales a los laborales. Se trata al fin y al cabo, de saber gestionar lo que podemos dar y ofrecer a los demás para que lo valoren en su justa medida. No se trata de una actitud desagradecida o egoísta por la otra persona, sino una forma de valorar innata en nosotros. Lo único que cambia de un individuo a otro es la pendiente de esa curva decreciente, es decir, habrá personas para las cuales llegar a esa última unidad, la que ya no valoren tanto y a nosotros nos parezca injusto por ello, se encuentra más lejos que en otras personas, pero tengamos claro una cosa, ese punto de inflexión existe.

Ocurre en el trabajo cuando día tras día hacemos horas de más fuera de nuestro horario, cuando nos ofrecemos para todo y todos; los primeros esfuerzos y las primeras pruebas de implicación serán muy bien valoradas y desde ese momento, las siguientes irán perdiendo valor poco a poco hasta que llegados un día, nuestro jefe no valore en nada ese tiempo ni esa voluntad de ofrecimiento. No hemos sabido dosificar nuestra entrega y hemos convertido lo excepcional y por tanto valioso, en lo común y por tanto, poco apreciado.

Otro ejemplo puede darse en nuestro círculo de amigos. Imaginemos por ejemplo que somos unos amigos generosos, que siempre estamos dispuestos a ayudar en todo momento, que nunca faltamos, que día tras día y año tras año, hemos demostrado a los demás que pueden contar con nosotros y nuestro apoyo, que en nuestra generosidad los colmamos de regalos y demás prebendas. Pues llegará un momento en que nuestros amigos den por descontado esos hechos, no les suponga algo novedoso, tengan suficiente cantidad de nuestra amistad y por tanto, la utilidad marginal de una acción más se valorará menos.

Puede ocurrir también, dentro de ese terreno de la amistad o incluso de las relaciones amorosas, que ofrezcamos siempre los mismos planes una y otra vez. Por ejemplo, convertimos en una rutina el ir al cine con nuestra pareja o siempre hacemos los mismo con nuestros amigos. Tarde o temprano, esa actividad que para nosotros puede resultar muy valiosa, en la otra persona puede convertirse en algo sin valor alguno.

Es necesario remarcar, por su importancia, que todo depende del nivel al que se encuentre el punto en el cual lo que nosotros valoramos no tiene tanto valor para los otros, porque ese es el origen del conflicto. Si regalamos rosas todos los días, pero la persona que las recibe, aunque cada vez las vaya valorando menos, no habrá problemas mientras el valor que nos comunica esté como mínimo igualado al valor que nosotros le damos. El conflicto nace cuando cruzamos por el punto de inflexión y nuestro aprecio es mayor de la que nos transmite el otro, simplemente porque para él la utilidad marginal del último bien recibido ya no es tan valiosa.

El principio de utilidad marginal emocional nos viene a recordar que debemos saber gestionarnos correctamente en nuestra entrega sentimental hacia los demás. Nosotros somos la mercancía más importante que poseemos y si nosotros mismos no sabemos valorarnos, llegará un momento en el que los demás tampoco lo harán. Con ello se evitarán situaciones tan peligrosas para nuestro equilibrio personal como la falta de autoestima, la dependencia emocional de los demás, el no valorar en su justa medida nuestras emociones y actos para con el resto y nuestra valía profesional. Entregar es un don, regalar un acto de generosidad, pero no debemos convertir nuestras emociones y afectos en un montaje en cadena, pues lo único que conseguiremos, es rebajar nuestro propio valor personal.
mayo 30, 2012
Posted by Alberto Fernández

Shakespeare y el arte del cambio

Me encuentro estos días leyendo un ensayo del crítico y teórico literario norteamericano Harold Bloom, en concreto, "El Canon Occidental",  una de sus obras más conocidas y controvertidas, donde detalla lo que para él, son las obras culmen que definen el canon literario de la cultura occidental. Por sus páginas pasan autores de la talla de Shakespeare, Cervantes, Dante, Proust, Joyce, Chaucer, etc.

Bloom dice que para que una obra reciba el mérito de formar parte de ese centro canónico que define toda la cultura occidental, es necesario que sea ante todo una obra de arte y por lo tanto, nos deslumbre por su estética, es decir, su belleza. Contrario a los estudios literarios actuales neohistoricistas, neomarxistas y feministas que centran la crítica literaria en categorias más sociales como pueden ser la lucha de clases, el género o producto del contexto histórico donde se forjan las obras; Harold Bloom argumenta que el verdadero valor literario se halla en la cualidad y calidad estética y su capaciad para sorprendernos como lectores. No me detendré mucho en este asunto, porque el motivo que me hace traer este libro ante este blog es el descubrimiento que en sus páginas hice, a saber, como uno de los rasgos merecedores para Bloom de que ciertos autores sean canon se encuentra en como los personajes por ellos escritos se enfrentan al cambio.

Sin tratarse de una obra científica sobre la gestión del cambio, "El Canon Occidental" nos permite de una forma amena, interesante y culta acercarnos a las formas más comunes de como una persona se enfrenta a ese hecho inevitable, cambiar. Y lo hace gracias al estudio de los personajes más emblemáticos de escritores como Shakespeare, Cervantes, Dante o Chaucer. Cada uno de estos autores ejemplifica en sus invenciones literarias una forma de cambio determinada, lo que nos va a permitir a nosotros darnos cuenta de los posibles caminos a los cuales optamos para aceptar el cambio como parte de nuestra forma de entender el mundo y nuestra propia vida. Caminos por otro lado, no excluyentes ni incompatibles.

El primer camino para el cambio es el de la reflexión interior o diálogo con uno mismo. Shakespeare fue de los primeros que permitió que sus personajes cambiaran y evolucionaran gracias a los diálogos internos que mantenían, no con otros seres de la obra, sino consigo mismos. Hamlet, Falstaff, Yago y un largo etcétera de otros personajes shakesperianos logran, gracias a esa habilidad de hablarse y escucharse a si mismos, el feed back necesario para enfrentarse a los diferentes acontecimientos y cambiar. Uno de los senderos más útiles para el cambio es la habilidad de hablarse y escucharse a uno, de permitirse ese diálogo interno y dejar decirnos y escucharnos lo que debemos comunicarnos.

El segundo camino lo encontramos en el diálogo con los otros. En muchas ocasiones necesitamos que alguien nos enseñe el sendero, nos marque los pasos o nos aconseje de las posibles opciones que ante nosotros se nos abren. Se trata de esa voz amiga que vienen del exterior y que nos permite en nuestro interior accionar la palanca que no sabíamos como accionar. Don Quijote y Sancho Panza son el ejemplo que Harold Bloom me descubre, donde uno y otro acaban la obra en un proceso inverso de "quijotización" y "sanchización". La mesura de Sancho acaba llegando a Don Quijote en su lecho de muerte, la imaginación desbordante y desmedida de su amo baña al escudero también. Y es esos deliciosos diálogos que ambos mantienen en la obra donde poco a poco se va produciendo ese cambio, que además va permitiendo conocerse a cada uno mejor gracias a las palabras y opiniones del otro.

El tercer camino es del cambio debido al contexto o la situación. Muchos de nosotros necesitamos que nuestro entorno más próximo cambie de forma notoria para producir en nosotros un cambio significativo. Un hecho relevante como un despido, una muerte, una enfermedad, un romance son los desencadenantes clave que permiten que una persona despierte y cambie. Ese es el método de Dante en su "Divina Comedia", donde el propio autor es el personaje de su obra y éste, va cambiando a medida que va atravesando el Infierno, el Purgatorio y el Cielo.

Gracias a uno mismo, a los otros o a las situaciones a las que nos enfrentamos encontramos la posibilidad del cambio y la evolución. Pero los personajes anteriormente descritos, cambian sin tener en mente muchas veces que deben cambiar para si mismos y no para los demás. Esa importante lección la obtenemos de otro escritor que Harold Bloom estudia al detalle, el ensayista francés Michel de Montaigne que nos dice "es a mí a quien pinto...", es decir, soy yo el que debe buscar y asumir ese cambio. Montaigne asume que el cambio es vital para cumplir la máxima griega del "nosce te ipsum" y además, debemos ser nosotros mismos los protagonistas de nuestra propia novela. Una obra donde debemos aprender que "la principal ocupación de mi vida es pasarla lo mejor posible" y "la verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo". El cambio es vital, porque lamentablemente "nos enseñan a vivir cuando nuestra vida ha pasado" y eso es algo que no nos podemos permitir mantener mucho tiempo.
mayo 09, 2012
Posted by Alberto Fernández

Neurociencia en la gestión de equipos

Una de las ciencias que más avances está logrando en el estudio de nuestro cerebro tanto a su nivel fisionómico como funcional es la neurociencia. Aportaciones claves como la plasticidad cerebral, la importancia de las conexiones sinápticas frente a la cantidad de neuronas o que nuestro cerebro es un cerebro social y necesita de los otros para aprender más y mejor, han roto con muchas de las ideas prefijadas anteriormente sobre el funcionamiento de nuestra CPU.

Y muchos de esos descubrimientos sobre cómo funciona nuestro cerebro son claves, junto con otro avance clave reciente como es la inteligencia emocional, para la gestión de los equipos en la empresa actual.

Parece que se nos ha olvidado que gestionar equipos no es más ni menos que saber gestionar personas y éstas, tienen algo que las máquinas de momento no poseén como son los sentimientos y la capacidad de aprender en todo momento. ¿Puede aportarnos algo la neurociencia y la inteligencia emocional? La respuesta es un sí rotundo.

Hoy me centraré en los grandes conceptos que la neurociencia nos ha brindado y como éstos nos van a permitir gestionar de manera más eficiente y eficaz los equipos en los cuales trabajamos.


El primer concepto clave es el de plasticidad o la capacidad del cerebro para establecer nuevas conexiones neuronales, que permiten a éste aprender nuevos conocimientos tanto a nivel teórico como práctico. Esta cualidad neuronal de nuestra CPU es la que nos dota de la capacidad para aprender a tocar un violín o aprender un idioma a cualquier edad, rompiendo la idea aceptada anteriormente de que a medida que pasaban los años, nuestro cerebro iba perdiendo aptitudes para el aprendizaje.

Por lo general, los conocimientos, tanto los mostrados como los ocultos por los miembros que forman un equipo, pueden ser aprendidos por otros y también ser modificados. Esto es de vital importancia, pues una de las principales debilidades que hoy en día mencionan, una y otra vez, las personas que trabajan en equipos es la incapacidad para dejar de hacer las cosas como siempre y caer una y otra vez en los mismos problemas.

Frases como "esto se lleva haciendo así desde siempre y no se puede cambiar", "no vas a venir tú ahora a enseñarnos como hacer las cosas de nuevo", "el método funciona a pesar de los retrasos y los continuos problemas con el cliente y el equipo" seguro que suenan a más de uno. Pues bien, el equipo puede aprender en todo momento hacer las cosas de otra forma distinta y seguro que mejor. La plasticidad debe impregnar la gestión de equipos, pues cada proyecto es diferente, cada cliente es un mundo y aunque debe haber unas bases mínimas que permitan el funcionamiento, si el equipo está acostumbrado a modificar sus formas de trabajo será más resolutivo y eficaz.

Otro de las ideas que nos ha regalado la neurociencia es la importancia de las conexiones neuronales más que su número. ¿Cuántas veces los gestores o nuestros jefes han pensado que la mejor solución a determinados problemas es aumentar el número de miembros del equipo? Como si más fuese siempre mejor. Es cierto que en algunos casos es necesario contar con más jugadores en el partido, pero por lo general, esa demanda es fácilmente observable. Más difícil es mentalizarse que el equipo tiene que saber jugar bien engrasado y a punto. Las relaciones que se establecen en un grupo de personas que van a compartir muchas horas en un entorno que no es el personal, exigen que tanto el líder como los integrantes del equipo sepan establecer lazos y conexiones apropiadas.

Aquí entra de lleno la importancia de la inteligencia emocional como nuestra habilidad para crear equipos bien comunicados en todo momento. En mi escuela de negocio nos decían que teníamos que aprender a trabajar con todo tipo de personas y, aunque no deja de ser una afirmación cierta y válida, oculta una parte muy importante, no todos trabajamos igual de bien con todos. La misión de un gestor de equipo es hacerse con personas que sepan trabajar entre ellos y sobre todo, sepan comunicarse. La formación de los equipos en muchas empresas deja mucho que desear, pues se valoran más los conocimientos técnicos y teóricos que pueda aportar más que su perfil emocional. Ello nos lleva a que una de las funciones fundamentales de un departamento de Personas (recursos humanos), es tanto establecer perfiles funcionales como emocionales. El equipo debe ser además de una auténtico grupo funcional, un grupo emocionalmente estable y compenetrado.

A lo anterior puede argumentarse que los equipos varían y las personas que lo forman vienen y van, esa es una realidad palpable sin duda. Pero también que ante ese problema, podemos contar con la idea de las neuronas espejo y la necesidad de aprendizaje social de nuestro cerebro.

Las neuronas espejo son aquellas que nos permiten aprender por una de las formas más sencillas y eficaces de aprendizaje, la imitación. Si, ya sé que nos han dicho mil veces que copiar es malo y poco honorable, pero no se trata de un mero trabajo de copista, sino de imitación. Si una estrategia funciona en una persona para lograr una serie de resultados, es posible que también funcioné con uno. Si la persona que deja el equipo tenía una serie de habilidades funcionales y emocionales determinadas, la persona que la sustituya puede aprender esas dotes a través de la imitación. Y por supuesto, aprenderá más y mejor si todo el equipo al que va a ser destinado le ayuda a ello. Aprendemos más rápido y de mejor forma cuando lo hacemos acompañados que cuando lo hacemos solos, nuestro cerebro es un cerebro social, no debemos olvidarlo.

Capacidad para el aprendizaje, adaptación al cambio, gestión emocional, implicación, imitación de las habilidades de éxito, conocimiento funcional y emocional de los integrantes del equipo y pro-actividad son elementos claves para que un equipo funcione de una manera más engrasada. Todo lo anterior no asegura el éxito, pero si reconocer los fallos de manera más fácil, ponerles solución y lograr la victoria mucho más rápido y de forma mucho más eficaz y eficiente. El reto como siempre está en cambiar y aceptar que trabajamos con personas y no con máquinas.

¿Reconoces a tu equipo en estas cualidades? Deja tus opiniones y comentarios, así aprenderemos todos.
abril 26, 2012
Posted by Alberto Fernández

Lidérate para poder liderar

Imaginen lo siguiente, una persona que no es capaz de cumplir con el propósito de ir al gimnasio, dejar de fumar, perder los kilos de más que tiene desde hace tiempo, pasar más tiempo con sus hijos, esposa y amigos. Tampoco encuentra tiempo ni energías para aprender inglés que siempre se le resiste, ni ponerse al día con esas malditas nuevas tecnologías 2.0 e incluso 3.0 que le sacan de quicio. Salta de una tarea a otra, de un hobie a otro porque no es capaz de esperar a que den los frutos necesarios. Es muy probable que también se altere con su entorno porque las cosas no llegan a tiempo, no le entienden, todo lo tiene que hacer él. Claro que para eso es el jefe del equipo, del proyecto, del departamento o incluso de la empresa. Por algo será que él es el que manda. Por eso no encuentra tiempo para todo lo que le gustaría hacer, su trabajo le desborda porque todos dependen de él y parece que es el único capaz de solucionarlo todo.

¿A cuántos les suena ese perfil de directivo? Seguro que a muchos, pues por desgracia se trata de las características que poseen la mayoría de nuestros directivos y jefes más directos en el mundo de la empresa, pero es un mal que afecta a muchas personas de una organización, independientemente de su cargo. Padece lo que yo llamo falta de liderazgo intrapersonal, que está íntimamente relacionada con la inteligencia intrapersonal que describió en su día Howard Gardner. No puedes liderar tu entorno si antes no eres capaz de liderarte a ti mismo.

Un lider incapaz de comprometerse consigo mismo y sus retos y planes, será incapaz a largo plazo de hacerlo con otras personas y metas. El camino hacia el liderazgo exterior conlleva como primer éxito el liderazgo interior.

Algunos pensarán que lo que intento desarrollar en este post no tiene lógica ninguna, uno puede ser un estupendo lider sin necesidad de ser un "auto-lider", que muchas personas son capaces de actuar de manera adecuada y efectiva cuando lo hacen con otras y ser un auténtico desastre consigo mismo, "haz lo que yo digo, no hagas lo que yo hago". Puede ser, pero me cuesta creerlo. Alguien incapaz de planificarse a nivel personal difícilmente podrá hacerlo fuera, quien no controla las herramientas que permiten alcanzar metas internas no las tiene suficientemente interiorizadas para que de forma natural, salgan a la luz en otros ámbitos. Y aunque así fuese, ¿no sería mejor también ser un "lider intrapersonal"? Los beneficios de alcanzar esa dimensión serían muy provechosos, ¿no creen?

Para convertirse en el lider de nuestra vida a nivel personal y profesional, debemos trabajar las siguientes dimensiones:

  • La comunicación intrapesonal: Es fundamental saber hablarse a uno mismo. Debemos saber escucharnos, tanto a nuestro cuerpo como a nuestra mente. Y tan importante como lo último, es saber decirnos las cosas a nosotros mismos. Somos la persona con la que más tiempo pasamos hablando y en la mayoría de los casos, nos tratamos y nos hablamos de forma muy dura y pésima. Si conseguimos escucharnos y entendernos, ya seremos capaces de escuchar y entender a otros.
  • Desterrar la procrastinación y asumir la proactividad: En castellano hay un dicho que resume perfectamente este apartado, "no dejes para mañana lo puedes hacer hoy". La procrastinación es un auténtico ladrón de tiempo, un verdadero virus que es capaz de enfermarnos y hacer que fracasen multitud de proyectos vitales. Caemos en la procrastinación de tres formas: por miedo, por evitación y por indicisión. Aunque ráramente no se dan las tres al mismo tiempo. Albert Einstein afirmaba que "la vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal, sino por aquellas que se sientan a ver lo que pasa."
  • Levantarse del sofá o nuestra zona de confort, asumir el cambio: Si, la gran mayoría pensarán que estamos locos por hacerlo, nos dirán que ya son ganas de complicarse la vida pero, y como dice otra vez el genial A. Einstein, "locura es hacer una y otra vez lo mismo y esparar resultdos distintos." El cambio te rodea lo asumas o no, está en la naturaleza, es tu vida y en tu propio cuerpo. El éxito es de aquellos que saben adaptarse en todo momento y no se conforman con lo establecido. Ganan quienes van más allá e intentan superar las barreras y límites que dicen son infranqueables.
  • Interiorizar la importancia del "compropiomiso": Comprométete contigo mismo antes de hacerlo con los demás. (No dejen de leer el enlace para profundizar en este término tan importante)
  • Convertir las cartas de la "templanza" y la "fortaleza" en una virtud de la resiliencia: Sobreponte al sufrimiento y el dolor, asume que forman parte del proceso y que sin ellos es imposible alcanzar tus metas. Son los que hacen que el éxito sepan tan bien.
  • Enjoy the road!: ¡Disfruta el camino! No dejes que tu ansiedad te controle por llegar más pronto a la meta marcada, lo único que conseguirás es aumentar el sufrimiento y las posibilidades de fracaso. Saborea cada paso porque es irrepetible y único, porque de cada uno aprendes y te haces más fuerte y significa que estás uno más cerca de alcanzar tu éxito. Comprobarás que la felicidad no está tanto en lo que consigues, sino en el sendero que recorres para conseguirlo.
 ¿Te atreves a liderarte?
abril 18, 2012
Posted by Alberto Fernández

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