Uno de los artes más ancestrales y más arraigado en el ser humano es el acto del cortejo o la seducción. ¿En qué consiste? Básicamente en convencer al objeto de nuestro deseo en que somos el ser mejor preparado y más indicado que va a encontrarse para.
Son las seis de la mañana y D se levanta, como todos los días desde hace ya cuatro años, para ir a trabajar. Sin embargo, a pesar de que la rutina se ha impuesto después de tanto tiempo: dejar todo listo la noche anterior; la ducha para acabar de despertarse.
Hace unos días leí en el diario Expansión las siguientes declaraciones de Pedro Duque:
“En una empresa cuenta la capacidad de tomar decisiones rápidamente. Aunque no sean exactas, lo importante es... ¡tomarlas ya!.” Los resultados siempre dependerán.
Recuerdo que cuando era pequeño, mi abuelo me contaba un cuento usando los dedos de la mano en el cual al final, el dedo gordo se acababa comiendo todo lo que los otros trabajaron antes. Algo parecido suele ocurrir en las negociaciones si no se planifican.